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02/07/2013 #1
Excluido


que NOTICION !! por fin un buen ejemplo
algo que me hace sentir orgulloso de (una partecita) de la huamanidad:

http://ar.noticias.yahoo.com/el-ltim...095324457.html


El último escondite del gusano que ha dejado ciegas a 500.000 personas

Los médicos acorralan en la remota selva de los yanomami al parásito culpable de la ceguera de los ríos, tras haberlo eliminado del resto de América
En medio de la selva virgen, es difícil explicarle a un indio yanomami que no puede dar un paso para ir de un árbol a otro porque un hombre blanco decidió que por ahí pasa la línea imaginaria que traza la frontera entre Brasil y Venezuela. Desnudos y obviamente sin pasaporte, los yanomami siguen cruzando la frontera a su antojo, como han hecho desde siglos antes de que existiera una raya divisoria. El problema, explica el médico salvadoreño Mauricio Sauerbrey, es que los yanomami transportan con ellos a un monstruo: un gusano que ha dejado ciegas a 500.000 personas en el mundo. Y los médicos que persiguen al parásito no pueden atravesar alegremente la frontera.
En 2005, más de 140.000 personas de América Latina estaban infectadas por el gusano, en Colombia, Ecuador, México, Guatemala, Brasil y Venezuela. Pero una exitosa campaña médica, que ha distribuido 11 millones de dosis de antiparasitario, ha conseguido barrer al enemigo, responsable de la llamada ceguera de los ríos, una enfermedad olvidada conocida entre los científicos como oncocercosis. El último refugio del gusano en América es la tupida selva de los yanomami.
El acceso a estas poblaciones indígenas, con unas 23.000 personas en riesgo de ser infectadas, es tremendamente difícil. Muchas veces se encuentran en zonas de la selva tan remotas que sólo se puede llegar a ellas en helicóptero. Y encima los yanomami están en continuo movimiento. “A veces llegamos a una comunidad del lado de Brasil a darles un tratamiento y ya no hay nadie, porque se han ido a Venezuela. Ellos atraviesan la frontera sin ningún problema, pero los oficiales de salud no pueden”, señala Sauerbrey, director del Programa para la Eliminación de la Oncocercosis en las Américas, la iniciativa regional coordinada por el Centro Carter de EEUU para borrar al gusano del continente.
Un picor infernal
En parte por culpa de la frontera, pero sobre todo por tratarse de un área montañosa de muy difícil acceso, el foco yanomami es el único lugar de América donde persiste la transmisión de la oncocercosis. Es fácil ver que la enfermedad sigue ahí. Muchos yanomami lucen en sus cabezas una especie de chichón, que en realidad es un repugnante ovillo de gusanos machos y hembras reproduciéndose bajo su piel. En cada uno de estos nódulos, los gusanos adultos producen miles de gusanitos pequeños que viajan por todo el cuerpo, arrasando la piel de los indios, que puede quedar con el aspecto de un pergamino. El picor es lo primero que sienten al despertarse y lo último antes de dormirse. Su vida se convierte en un infierno.
En algunos casos, los gusanos pequeños, llamados microfilarias, llegan a los ojos y producen ceguera. Es una enfermedad que hunde a los pueblos en la miseria. Los infectados no pueden trabajar, ni ir a la escuela, ni cuidar a sus familias. Y el parásito se extiende como una peste por las comunidades gracias a la picadura de un mosquito, conocido como la mosca negra.
La lucha contra la oncocercosis es “un caso insólito”, según Sauerbrey. La multinacional farmacéutica Merck, en una decisión sin precedentes, se comprometió en 1987 a donar todo el antiparasitario que hiciera falta para acabar con la enfermedad en el mundo. Desde entonces, la compañía, que en 2012 ganó unos 4.800 millones de euros, ha donado comprimidos por valor de 4.000 millones de euros para África y América, según sus propias cifras. El fármaco, la ivermectina, no mata a los gusanos adultos, refugiados en los chichones de los yanomamis, pero sí extermina a sus crías, los gusanitos que viajan por el cuerpo causando estragos en piel y ojos. Así que cuando las moscas negras pican a una persona tratada, chupan una sangre limpia y se impide la transmisión de la enfermedad.
Si el tratamiento se mantiene durante unos tres años, los gusanos adultos pierden su capacidad de reproducirse y acaban muriendo de viejos sin dejar crías. Con esta estrategia, Colombia fue el primer país que detuvo la transmisión de la enfermedad, en 2007, seguido por Ecuador, en 2009, Guatemala y México, ambos en 2011.
Sin palabras
Sauerbrey calcula que Brasil y Venezuela conseguirán interrumpir la transmisión del gusano en el área yanomami a lo largo de 2015. Alrededor de 2020, tras un proceso de verificación por parte de la Organización Mundial de la Salud, América podría declararse vencedora en su guerra contra el gusano de la oncocercosis.
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