Amable y dulce sábado tengan, caballeros.
Hoy pollo a la cerveza negra.
-¿Y con eso qué?
Pues esto: con primerísima nos pusimos a preparar, entre arrumaco y arrumaco, el pollo cortado en presas, hortalizas diversas y especias del huerto.
Saqué cervezas del refrigerador (San Miguel, lager, para atemperarlas) y echarlas a media cocción al preparado de pollo.
Habitualmente usamos una olla express o un wok, herméticas y profundos, respectivamente. Pero en esta ocasión estrenamos un plato de hierro fundido, de 50 cm de diámetro por unos 3 de altura, como los empleados en la cocina mejicana.
Todo bien hasta que decidimos cambiar de cerveza. Quería probar con unas IPA bien amargas, pero como no encontré ninguna en la alacena optamos por cerveza negra, con la que sí contábamos.
Dos botellines Guinness, stout por antonomasia, fueron al encuentro del guiso.
A los 10/15 segundos se apaga la hornalla (fogón) de al lado, donde estábamos hirviendo papas para el puré.
Buehhh, nada. Lo enciendo.
¡Y se apaga otra vez!
Cuando voy a encenderlo de nuevo, ¡¡se apaga la hornalla central!!, la del pollo.
Antes de caer presa del pánico, comencé a emitir improperios en porteño de muy baja estofa, lo que me permite comprobar que hay gas, ya que lo huelo y oigo su fluir
Pero durante casi un minuto no se pudo encender ninguna hornalla, ni con el piezoeléctrico de la cocina ni con encendedor.
Luego del minuto, todas encendieron normalmente, sin ningún reintento extra.
Luego caí en la cuenta de que las Guinness tienen agregado Nitrógeno.
Cuando las eché de golpe en el recipiente caliente, el N2 se expandío fuera del mismo, rápida y profusamente, desplazando el oxígeno del aire y el metano de la red gas natural y haciendo su combustión poco menos que imposible.
Pollo al Gay-Lussac, vío...

Roberto Fontanarrosa, 1944-2007